miércoles, 8 de febrero de 2012

23Financiero

No es lo mismo, pero es igual...



Concentración en Sol a las 20 horas del 23F 





El 23 de febrero de 1981 unos siniestros personajes opuestos al régimen constitucional democrático protagonizaron, pistola en mano, un ataque a la naciente democracia española asaltando el Congreso de los Diputados.








Treinta años más tarde, el pasado septiembre y en el mismo escenario, los “representantes” del pueblo que hace años se escondieron bajo los escaños ahora nos traicionaban aprobando una reforma de la Constitución española que nadie había solicitado, sin aceptar el más mínimo debate social y sin aprobación en referéndum. ¿El objetivo? Incluir en nuestra ley suprema el pago de la deuda y sus intereses como primer compromiso del estado por delante de cualquier necesidad social.

No es un símil forzado. Es el episodio que de manera más evidente escenifica el golpe de estado que estamos viviendo. Solo que esta vez, no lo protagonizan esperpénticos generales y guardias civiles, sino altos ejecutivos impolútamente trajeados y adulados por políticos. Estamos viviendo un golpe de estado financiero.

Vivimos un golpe de estado cuando nuestros representantes dirigen discursos a los supuestamente invisibles mercados solicitándoles compasión a cambio de degradar las condiciones de vida de la población a la que deberían servir. El “pueblo soberano” está siendo sacrificado en el altar del neoliberalismo. Asistimos a un golpe de estado cuando nuestros dirigentes acatan las directrices de instituciones no elegidas democráticamente, como la Comisión Europea, el Banco Central Europeo o el Fondo Monetario Internacional, que atienden solo a los intereses de grandes fortunas y corporaciones, y fuerzan su implantación en el país sin debate previo ni consulta popular; cuando siguen los intereses de Merkel y Sarkozy, en defensa de la banca alemana y francesa, antes que los del propio país.

Podemos identificar a los autores del golpe cuando, en nombre de una falsa austeridad, suben los impuestos a los trabajadores mientras permiten el fraude fiscal y los mecanismos que lo amparan; cuando se bajan los salarios, se suprimen los convenios, se retrasa la edad de jubilación y se degradan las condiciones de trabajo; cuando se destruyen la educación y sanidad pública que hemos construido durante generaciones; cuando al fin todo el dinero obtenido se usa para avalar y rescatar a una banca que ha destruido la economía real subida a lomos de burbujas especulativas. ¿Quién es el único beneficiado con todas estas medidas?

No es un golpe a punta de pistola. Pero todas las personas hemos percibido el frío contacto de las primas de riesgo durante el reciente proceso electoral, bajo la amenaza de “es ésto o el caos”, con la inmolación ejemplarizante de Grecia como aviso a navegantes. Y cuando las amenazas no son suficientes, no dudan en actuar abiertamente: Si hay que hacer dimitir a un presidente de gobierno electo y sustituirlo por un “tecnócrata” al que nadie ha votado, pues se hace.

¡Basta de mentiras! Esto no es austeridad, no están trabajando para que salgamos todos de esta, no nos estamos sacrificando para estar mejor mañana, no son tecnócratas, son ejecutivos al servicio del mismo poder financiero que nos ha llevado a esta situación. Esto no es más que una despiadada transferencia de riqueza del 99% que estamos abajo al 1% que nos pisa, una renuncia a derechos adquiridos durante décadas, una destrucción de las más elementales formas democráticas.

¡Contra el golpe de estado de los mercados! Concentración en Sol a las 20 horas del 23F.

Documento consensuado por Grupo de Trabajo de Economía de Sol, Movimiento15M, 26/01/2012.

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